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Vida adaptada: tecnología para aprender y recrearse
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Vida adaptada: tecnología para aprender y recrearse

Un accidente en cuatriciclo dejó a Agustín Zanoli cuadripléjico, pero sigue estudiando y practicando deporte.

sde el momento que tuve el accidente en cuatriciclo, supe lo que me iba a pasar: quedé cuadripléjico y sin poder mover los brazos, aunque esto último es bastante raro.

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El accidente fue en enero de 2012, mientras andaba por unas dunas que están entre Cariló y Villa Gesell. Desde los 10 años manejaba cuatriciclo, jamás me había caído y siempre usaba el equipo completo: casco, cuellera, pechera, botas, remera y pantalón, todo especial para este tipo de actividad.

En parte, creo que no me ayudó la falta de experiencia en caídas; de todos modos, la cuellera me salvó de morir en el acto.

Solamente tengo movilidad en los hombros y la cabeza; respiro con el diafragma, porque quedaron inmóviles los músculos abdominales e intercostales que colaboran con eso. Me costó mucho hablar, hasta que lo logré con fonoaudiología. No puedo gritar ni toser fuerte y tengo que cuidarme de los resfríos.

Estoy esperando la cirugía de transposición tendinosa, que se haría en Buenos Aires, para ver si logro movilidad en mis brazos. Y tengo esperanza en las terapias que hoy son experimentales, pero que en el futuro quizá me ofrezcan una solución.

Voy a la facultad todas las mañanas y por la tarde, hago rehabilitación cuatro días a la semana. Con kinesiología trato de controlar los movimientos involuntarios de este tipo de lesiones, como que se muevan solos los brazos o las piernas. También ejercito el cuello y trato de aflojar la espalda. La rehabilitación me ayudó a mantenerme solo, porque antes no podía estar sentado sin sostén ni tener la cabeza apoyada.

Los fines de semana juego al fútbol en una disciplina que se llama “ powerchair football ”. Es una actividad que comenzó en Córdoba hace poco, estoy muy contento, la practicamos chicos en sillas de ruedas motorizadas y por este emprendimiento agradezco a la Agencia Córdoba Deportes del Gobierno de la Provincia, ya que esta actividad hace a nuestra inclusión y calidad de vida. Como no puedo mover mis manos, manejo la silla con la pera.

Por ahora, mi mamá me acompaña a la facultad (estudio ingeniería mecánica) y toma apuntes durante las clases. Después escaneo las notas y estudio en mi Ipad. Con ese dispositivo también juego, para lo cual tengo un lápiz óptico adaptado para moverlo con la boca. Rindo los exámenes con una notebook que tiene un receptor infrarrojo que detecta los movimientos de mi cabeza. Para eso, me pongo una gorra con un sticker metálico y de esa manera muevo el mouse, mientras que el click es automático.

En casa adapté un escritorio para mí, con una mesa que tiene una altura que me permite alcanzar todo lo que necesito con la boca.

Por otro lado, todos los viernes o sábados me reúno con mis amigos y casi siempre comemos en casa.

Como expresé previamente, desde el principio sabía lo que tenía y no me fue muy difícil aceptar mi nueva situación; quizá a otros chicos les pasó lo mismo, no sé.

Pero yo nunca bajé los 
brazos.

La madre, un pilar incondicional

Cuando me enteré de la gravedad del accidente de Agustín, me di cuenta de que me iba a necesitar y renuncié a mi trabajo. Por suerte, mi ingreso no era determinante en la economía familiar y, además, mi disposición hizo que la familia se pueda organizar mejor.

Estuvo internado 4 meses en el instituto Fleni de Buenos Aires y allí aprendí cómo tratar a Agustín, porque nadie está preparado para ayudar a una persona que no puede moverse. Además, mide casi dos metros y pesa 80 kilos.

Cuando regresamos a casa, entre los dos les explicamos a los enfermeros y otras personas cómo levantarlo, cómo hacer para pasarlo a la cama y demás.

Con nuestras indicaciones, los asistentes hacen menos fuerza y Agustín tiene menos riesgo de dislocarse un hombro, ya que los músculos de esa zona se atrofiaron.

La discapacidad es muy cara y más aun para tener mejor calidad de vida.

Espero que a otros chicos les sirva la historia de Agustín, porque me parece que es muy importante que puedan estudiar, hacer deportes, que insistan y se asesoren sobre sus derechos, porque realmente les mejora la calidad de vida.

fuente: LaVoz

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